A l’altra banda del canó una veu gèlida, li diu «massa tard, he vingut a per tu» somriu i Joe sols crida en silenci.
dimecres, d’abril 23, 2025
Despatx
A l’altra banda del canó una veu gèlida, li diu «massa tard, he vingut a per tu» somriu i Joe sols crida en silenci.
dimecres, de juny 12, 2024
La estrella de la niebla (Part 2)
Al subir por las escaleras, nuestros ojos no daban credibilidad a lo que veían, una gigantesca sala con la bóveda semiderruida, pero las paredes eran las más bellas que había visto, en un trabajo que no fuese élfico, seguramente una de las grandes obras maestras del arte enano, pero desgastado por el exceso de humedad y la dejadez del tiempo. Entre las rocas caídas de la bóveda, pude distinguir lo que parecía una enorme necrópolis, cantidades sin fin de sepulcros llenaban la sala, rodeando un posición elevada donde destacaban dos tumbas, que ya desde la distancia se distinguían por encima de las demás, por su delicada forma. Nos adentramos en la sala atravesando por las tumbas, ante mi sorpresa, no pertenecían a enanos, eran figuras humanas las que descansaban sobre las lapidas, iba buscando en mi mente, leyendas e historias antiguas que me hicieran recordar en que sitio estábamos, al llegar a los sarcófagos centrales tenia cada vez más claro que estábamos delante de lo que podría haber sido el reino de Hadirion que había desaparecido sin dejar noticias sobre su fin, alguna canción recordaba un fabuloso reino levantado por humanos en una antigua ciudad enana abandonada. La luz de mi antorcha ilumino las dos tumbas, cada una de ella con una figura, acostados adornados majestuosamente como auténticos reyes. Las figuras rivalizaban en belleza y delicadeza, mi instinto de cazador de tesoros esperaba encontrar el descubrimiento de mi vida, aunque al ver que la losa estaba levemente desplazada empecé a temer lo peor. Pedí ayuda a mis compañeros, Bigradin y Keyran desplazaron toda la tapa del sarcófago para descubrir que estaba completamente vacío, aunque no parecía obra de saqueadores el cuerpo no estaba en el interior. En ese mismo instante una fría corriente de aire nos estremeció y a la vez nos puso en alerta , nos dio tiempo para preparar nuestras armas, dejé la antorcha sobre la tumba y vi como dos extrañas criaturas salían del agua dirigiéndose cada una a uno de mis compañeros, tense el arco y una certera flecha atravso el hombro del más cercano a Keyran, causándole gran dolor, pero no pude evitar que saltara con sus garras y sus afiliados dientes sobre mi compañero que no pudo evitar ser ligeramente mordido en su cuello y sufrir diversos arañazos. Bigardin estaba esperando con su lanza, pero esas bestias eran muy agiles y habían atacado antes de estar del todo preparados, oí como BIgardin se quejaba de alguna herida que parecía más profunda que la sufirada por Keyran, aunque su lanza si que consiguió herir al pequeño monstruo., mientras esté se preparaba para un segundo salto sobre mi compañero, otra de mis flechas fue certera con su segundo objetivo causándole una herida cerca del cuello y unos instantes de duda. Bigardin herido e imagino avergonzado del fallo inicial, ciego de dolor se volvió loco y se lanzó contra su rival atravesándole salvajemente con su lanza a la vez que gritaba en su lengua, cosas de difícil traducción. En el otro flanco Keyran de un sablazo mato a su enemigo, y a pesar de saber que estaba muerto cuando caía entre las aguas, Bigardin se había lanzado también ciego de furia sobre él. Una vez muertos pude ver que eran unos seres anfibios, que desprendían un olor mugriento, de sangre verdosa, tamaño parecido a un goblin, pero sus pies eran de forma de membrana y acabadas en garras.
Mientras mis compañeros se intentaban limpiar de las heridas y rasguños varios, a la vez que Keyran presumía de que gracias a su excesivo equipamiento ahora podían curarse con suficiente solvencia, fui mirando las diversas tumbas de mi alrededor, algunas de ellas aún tapadas otras abiertas completamente, hasta que en una pude encontrar un viejo libro, con mucha delicadeza lo tome entre mis dedos, la humedad había hecho estragos en él, pero era lo único que parecía valioso de toda la sala, faltaban hojas, pero en ellas se leía: Libro del Senescal de la Casa de Hadirión. Abrí con extremo cuidado las hojas, buscando las últimas escritas e inicie la lectura:
«Aquí se registra la caída de la Casa de Hadirion y su esposa Elwen. Yo, Angnir, senescal y capitán de la guardia, escribo este registro para preservar su memoria. Fue en la época de... ¿Porque no estaba conclusa esta parte?
Construyeron un asiento de madera, a modo de trono, a la vista de los muros del castillo. Luego ataron a nuestro señor Hadirion a él, para atormentarlo y ridiculizarlo. Lo torturaron durante horas... Cuando los orcos le clavaron una corona de hierro en la cabeza, aclamando a Hadirion como el legítimo gobernante de estas tierras, la dama Elwen me convoco y me pidió que demostrara mi reputación como mejor arquero de Arthedain. Elegí una flecha de las que recibí de mi padre, y él de su padre anteriormente. Un dardo blanco emplumado y esbelto.
Tensé el arco con todas mis fuerzas y la flecha voló recta, atravesando la mano de un enorme orco que atormentaba a Hadirion y enterrándose profundamente en el pecho de mi señor. Rompí mi arco después de tal hazaña...
El resto de los registros relatan la caída del castillo en diversos fragmentos: enanos traidores permitieron que los enemigos entraran en el castillo sin ser detectados. Quienes sobrevivieron al ataque huyeron bajo tierra y quedaron atrapados, y la dama Elwen desapareció».
Éramos testigos del fin de una era, seguramente gloriosa y en mis manos tenía el testimonio acusador de la enésima traición de los enanos. El mal había inundado esa ciudad. ¿Quedarían más rastros de él en algún rincón de la ciudad? ¿Dónde estaban los restos, los tesoros?, mil dudas me inundaban, pero habíamos de informar a Elrond lo más rápido posible. Me arrepiento de haber enterrado el cuerpo de ese maldito enano que acompañaba a mi hermano, seguro que él era conocedor de lo que había sucedido allí tiempo atrás
divendres, de maig 17, 2024
Elfornil "el viatjer"
dimarts, d’abril 23, 2024
La cursa
Havies decidit descansar un breu
moment recolzant la teva esquena en una de les columnes del pont
d'aquest encreuament d'autopistes. Necessitaves silenciar els batecs
del teu cor que compartien el ritme amb una respiració esgotada. Et
calia prendre aire i recuperar forces per poder fer almenys una
carrera més, les mans van buscar les teves cuixes amagades sota una
faldilla massa estreta per córrer, maleint una i mil vegades l'haver
triat aquest outfit, per anar a una trobada que sàvies des d'un
inici que no sortiria bé i que en l'últim instant vas decidir
cancelar. Semblava que la teva respiració havia començat a
normalitzar-se, respiraves profundament, un parell de vegades, els
teus dits es van barrejar pel teu pèl i vas aprofitar per fer-te
una cua amb la teva melena gairebé albina.
que
s'escorria entre restes d'ampolles, cartrons i ferralla apilats
seguint una tanca oxidada, desunida i amb més forats que les teves
mitges. Després del petit ensurt que et va provocar l'enorme
rosegador vas decidir abandonar el refugi que et proporcionava la
columna. Just en aquell instant vas notar com el teu braç esquerre
et cremava i un raig calent de sang sortia d'una ferida, alhora
escoltaves la bala, pel teu cap vas pensar allò de que si l'escoltes
no és la que t'ha matat i vas començar a córrer cap l'altre costat
del carrer amb totes les teves forces, al teu voltant van xiuxiuejar
almenys un parell de bales, corries sense parar, sense mirar creuant
el carrer de doble carril, escoltant com un cotxe et pitava i
segurament maleïa, alhora que et queia una tromba d'aigua a sobre,
corries, només podies córrer, quan un soroll estremidor d'un cop i
un parell de frenades et van obligar a girar el cap, assolint a veure
un cos inert sobre el terra i un cotxe creuat en meitat de la
calçada, més sorolls de frenades dels cotxes es van acumular,
clàxons sonant, malediccions, crits demanaven que algú truques a
una ambulància. Vas deixar de córrer, just en doblegar un parell
de carrers, sense rumb fix, unes sirenes s'escoltaven ja a la
llunyania, estaves esgotada, el braç començava a doldre't un
horror, necessitaves arribar a algun lloc, però el carrer estava
completament desert, cap senyal de vida en aquell polígon, al lluny
et va semblar veure el camió de les escombraries com anava carregant
la brossa dels diferents contenidors. El cansament t'anava omplint el
teu cos i vas buscar acostar-te a una zona de contenidors propera,
esperant que els escombriaires et recollissin com un rebuig més
després d'una nit infernal. Els teus ulls mig tancats van veure que
al voltant dels contenidors havien deixat acumulats diversos mobles
d'oficina, cadires i taules acumulades, t'aniria bé asseure't vas
pensar. En aquell instant va ser quan se’t va creuar la mirada
d'uns ulls vermellosos que s'alçaven davant teu deixant veure un
tors d'un home nu amb un drac gegant que l'embolicava i et deia "has
trigat però ja estas aquí".
Mirant cap als carrers que tenies davant teu, semblava un barri industrial, magatzems tancats alguns per les altes hores de la nit, altres abandonats des de temps que van ser millors a la zona, el trànsit es reduïa a algun escàs cotxe circulant amb pressa segurament per arribar a casa i sense cap mirament per esquitxar un asfalt inundat de tants sots com tolls.
Vas fer més exercicis de respiració, per calmar-te alhora que reposaves, van passar segons, necessitaves pensar, creure que ja havia passat el perill. Buscant la teva calma per trobar el silenci de la nit, diverses mirades al teu voltant buscant el teu perseguidor que semblava haver desaparegut per fi després de l'últim tram de la carrera, de sobte o al teu costat dret un petit soroll que et va sobresaltar, només era una rata de la mida d'un gat
Foto : IA
diumenge, d’abril 23, 2023
Otel
Gairebé encara no havia tancat la porta del vehicle que el taxi ja havia arrancat , esquitxant a la vorera restes d’aigua de tot un vespre plovent. Es quedà mirant el cartell de neó on sols se llegia la paraula otel, mentrestant al seu cap repetia les paraules que el conductor amb un marcat accent estranger li havia dit: «senyoreta, crec que aquest no és un bon lloc per passar-hi la nit». A la seva cara es dibuixà un somriure.
La recepció no li va decebre: poc il·luminada, una moqueta carregada de pols, plantes de plàstic i darrere el vidre el reflex d’una televisió amb el volum exageradament alt. El personatge darrere la finestrella també complia amb tots els tòpics i no hagues pogut dir que li feia mes repuls si el seu físic, la seva vestimenta o el to de veu amb el que si hi dirigí: «ja l’estan esperant» al mateix temps que li allargava un clauer de fusta amb el número 15. «Pujant al primer pis a la dreta» , però ella ja havia començat a pujar les escales.
Els graons de fusta anaven cruixint sota el seu peus, va anar avançant amb presa pel passadís, esquivant alguna taca al terra sospitosa, no va poder fer lo mateix amb les olors, així va plantar-se davant de la porta amb el número 15, introduí la clau lentament, obri la porta i accedí dins la cambra. La porta del lavabo estava mig oberta, la llum encesa i el soroll de l’aigua de la dutxa caient. Va entrar poc a poc, l’habitació estava plena de vapor d’aigua, sota l’aigua es veia un cos d’home, nu, alt, fort una esquena molt ampla amb un tatuatge d’un gran drac vermell amb les ales obertes, escopint foc per damunt l’espatlla, el cabell curt i platejat.
L’aigua va deixar de cauré, l’home havia tancat l’aixeta, però continuava d’esquenes a la porta ,es va fer un silenci que ell va trencar amb les seves paraules: «sempre he sabut que vindries a buscar-me, t’esperava fa estona, potser dies, inclòs anys però al final aquí estàs, a que has vingut?». Es va fer una petita pausa, ella buscava amb recel qualsevol imprevist que pogués sorgir i trenques les seves intencions, la seva ma va buscar sota la roba una pistola petita, la va agafar amb fermesa i apuntant a aquella esquena decorada amb el drac li va dir «ja saps a que he vingut», la seva veu va sonar forta, clara i nítida com el clic de l’arma al moment de ser muntada, va respirar, dos cops profundament, va col·locar el dit al gatell i li digué «he vingut a matar-te», de sobte l’home va girar-se, ella li va poder veure una cara, on uns ulls vermells com el foc li miraven fixament i li deien «n'estàs segura?»
Bona dia Sant Jordi, 2023


